HISTORIAS EXTRAÑAS DE UN PUEBLO ESCONDIDO

Historias extrañas de un pueblo escondido.

 

Pueblo verde es un pequeño pueblo escondido en un inmenso valle jujeño. Tan pequeño es que no figura en ningún mapa del territorio argentino, ni en ningún mapa de la provincia de Jujuy. Sus pocos habitantes se conocen tan bien que hasta recuerdan la fecha de cumpleaños de cada uno, auque nunca se festeje un cumpleaños en ese pueblo perdido. Miles de anécdotas, reales algunas y otras inventadas circulan por sus calles de tierra.

Hoy les voy a contar una, que a mi particularmente me atrapó cuando me la contaron.

Irene era una joven muy tranquila, casi haragana, que vivía con su tía desde que sus padres se habían ido de viaje, nadie sabía donde, sin regresar jamás. Su vida era muy sencilla. Todas las mañanas se levantaba  tempranito, ayudaba a su tía a ordenar la casa y luego se dirigía tranquilamente hacia la capilla, donde la esperaba el viejo padre Cepeda y su anciana hermana para que les preparara la comida y les lavara la ropa, a cambio de unas pocas monedas. Irene era muy religiosa y servirles al sacerdote y a su hermana era un honor para ella.

Pero esa mañana, algo distinto sucedió. Ella comenzó a presentir todo lo que pasaba, unos minutos antes de que pasara. Veía la lluvia antes de que cayera, oía al gallo antes de que cantara y sabía cuando el perro  de doña Jimena estaba por morder a algún vecino. Esto le hizo cambiar mucho su forma de ser. Se fue poniendo más agresiva. Insultaba y un día dejo de ir por la capilla. No se peinaba, no cambiaba su ropa y su aspecto era tan desagradable que ya nadie quería acercársele ni hablar con ella. Dejó de comer y comenzó a sentirse enferma. Su tía la hizo ver con el único médico del pueblo, pero este, luego de revisarla, dijo que ese no era tema para él, sino para el padre Cepeda. Fueron a buscarlo con un carro tirado por un flaco caballo  negro y lo trajeron con su gastada Biblia en la mano y una cruz de madera colgada del cuello. Entró en la casa y luego de examinarla le dijo a su tía con una angustia que nunca había sentido: -su ángel de la guarda la ha abandonado. Luego de un rato agregó: -¡Pero yo lo voy a solucionar!

Varias horas estuvo el sacerdote con sus armas santas en las manos, leyendo la Biblia, besando la cruz, dictando y amenazando al ángel para que regresara.

Nunca nadie supo cuales fuero las amenazas pero al otro día todo volvió a la normalidad.

Irene volvió a ser la misma de siempre dulce, amable… ¿Realidad, mentira?... Lo cierto es que en Pueblo verde todavía se oye decir que esa tarde un ángel de la guarda le tuve miedo a un sacerdote.    

 

Gisel