LEYENDA DEL GIRASOL

 

 Todos cuentan este cuento como una historia incomprensible. ¿Cómo una planta se convirtió en una flor única e incomparable?...

Una vez, en un campo alejado de la civilización, vivía un anciano llamado José. Todo a su alrededor era natural. Las hierbas eran verdes y fuertes; a lo lejos, se podía ver una hermosa laguna donde habitaban todo tipo de animales. El clima allí era muy agradable, siempre se respiraba aire fresco y limpio. Él era bajito, medio encorvado, su pelo era castaño y ondulado y tenía un corazón enorme. Se comentaba que no tenía familia, que sólo convivía con los animales que tenía en su campo, a pesar de que nadie sabía si era verdad.

José despertaba muy temprano cuando el sol recién asomaba, y luego de desperezarse empezaba su trabajo. Se dirigía alegremente hacia donde estaban sus animales, les daba agua, pasto y cereales. Más tarde se ocupaba de sus plantas, las regaba, les arrimaba tierra, cuidaba que nada les faltase. Entre tiempo y tiempo paraba un momento para descansar y hablar con sus animales, ya que eran su única compañía. ¡Su vida era una rutina que el mismo había forjado con el correr de los años!

Un día ocurrió lo extraño. Él despertó temprano como todos los días, y cuando estaba en medio de su trabajo, un estruendo se escuchó por todo el campo. El anciano fue rápidamente a ver que sucedía. Al llegar a ese lugar vio una gran cantidad de fragmentos incandescentes que cayeron del cielo. Su color era dorado brillante muy similar al color del oro.

José dijo:- ¡Un rayo de sol se ha caído! Pero aún había algo más raro. Cada uno de esos trozos había caído clavado en una planta cuyo extremo era circular, uno a continuación del otro. Extrañado volvió a su casa. Toda la noche estuvo recordando lo ocurrido.

Al despertar al día siguiente corrió a verificar que no había sido un sueño, llegó y la planta continuaba allí. Pasó toda la mañana mirándola, y descubrió algo aún más extraño. Cada uno de esos fragmentos hacía que la planta se moviera acompañando al sol en su trayecto.

Ya no quedaba duda, cada una de esas partículas de rayo de sol giraban la planta según su posición, anhelando regresar a él. José, entonces, murmuró:- ¡Tú a partir de hoy serás mi flor y te llamaré… Girasol!

El anciano cada día al despertar tomaba un momento para ir a visitar y cuidar de su adorada flor.

Esta noticia llegó de inmediato a la ciudad. Las personas que allí vivían se acercaban al campo a ver esa planta tan extraña y al ver que era cierto cada vez llegaba más gente. El campo poco a poco se fue poblando con más personas. José ya no estuvo tan solo.

 

 

 

                                 CARDILLO, MAGALÍ.